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viernes, 28 de noviembre de 2014

MI MILI... 25 ANIVERSARIO

Ayer día 27, se cumplieron 25 años que comencé la mili, el servicio militar obligatorio...y 24 años en que me licencié. Si, mi mili fue de las de un año completo, exacto.
Entrar a hablar de la mili, amén de lo cansino que para algunos puede resultar, es recordar de manera muy tamizada experiencias que en aquel momento suponían toda una tremenda sacudida en nuestras, entonces adolescentes, vidas.
Los recuerdos se pulen, se eliminan las aristas, se suavizan de manera que situaciones que en su día nos parecieron extremas, hoy, la lima del tiempo y la experiencia las define como unas experiencias mas, sean para bueno, sean para malo.
Hablar de aquellos días, es hablar de la vida llevada al extremo. Los que partíamos hacía destinos lejanos justos los 19 años recién cumplidos, es hablar de la primera salida del hogar, de las amistades, de la seguridad. Ante nosotros lo desconocido.
Una experiencia iniciática que todos los de mi generación tuvimos que pasar, sufrir o disfrutar...o las tres cosas a la vez.
El panorama que se nos presentaba antes de ir era aterrador, sobretodo si todo el grupo de amigos andábamos con la misma edad y ninguno podía aportar su experiencia. Una voz de primera mano y de toda confianza que te narrara que ocurría allí con todo detalle...aunque luego la experiencia te daba a entender que existían tantas milis como reclutas éramos. Cada uno la vivía de una manera, aún compartiendo cuartel, campamento o destino.
Recuerdo el día que partí en cierta manera como una liberación, desde que te tallaban pasaban dos o tres años en que sabías que tarde o temprano tenías que ir, así que en ese sentido era algo que ya empezabas a acabar...sin apenas empezar. Esta liberación se atenuaba en un inmenso temor, temor a lo desconocido, como yo, en aquellos años, todos los que íbamos en el tren era nuestra primera experiencia fuera de nuestra casa y, sobre todo de nuestras amistades.
Había que entablar nuevas amistades, hacer un reset, en todo lo que antes vivías para pensar que era el momento de estar solo, de buscarte la vida, de depender de uno mismo.
Este proceso se realizaba de manera rápida, muy rápida, creo que todos casi sin sentir, nos adaptábamos en poco mas de una o dos semanas, no sin antes pasar unos días de angustia y temor ante lo que se te venía encima.
Pero pasado este breve periodo, el día a día, el espabilarse, te daba una madurez que notabas a cada minuto...empezabas a dejar la adolescencia para pasar ya a la edad adulta. Y cuidado, que aquellos que no iban en su quinta, aquellos que en lugar de ir con 19 años iban bien entrados en los veinte, pienso que lo pasaban bastante peor. Quizás fuese porque los más jóvenes aún conservábamos algo de la inconsciencia infantil.
Tras el campamento llegaba el día de incorporarte al destino, dejar un campamento como camposoto con casi 4.000 reclutas, en el que era imposible que se produjeran novatadas, nos habría la puerta a esta temida leyenda. Mi destino fue de pedigrí, el Gobierno Militar de Almería. Ahí pasé los restantes diez meses de mili, y hoy puedo decir, que fueron uno de los mejores periodos de mi vida. De entrada el grupo de amigos que formamos fue, y es (que aún guardamos relación algunos), un lujo. Gente de la que guardo un recuerdo imborrable, y espero que ellos de mi. El ambiente de compañerismo y camaradería era brutal...y nuestra vida en el cuartel digamos que...los que estuvieron allí saben como fue...si lo explico nadie me creerá.
Las temidas novatadas quedaron en lo que eran, leyendas urbanas. Bromas las hubo, pero todo siempre dentro de un ambiente sano como es lo normal entre gente normal...y eso que como en todos los cuarteles estaba arrestada una garita, habían tirado a uno dentro de una taquilla por las escaleras y demás famosas fechorías que nadie de los que estaba allí había visto nunca, pero la leyenda estaba.
En fin, no entraré hoy en valoraciones éticas o políticas sobre el tema, como he dicho, yo lo viví mas como una experiencia iniciática hacía la edad adulta, y creo que en el fondo a casi todos nos pasó lo mismo.
En Campo Soto (Cádiz)...yo junto al Pifa...amigos para siempre...un HONOR...
 ...con mi amigo Manolo Chica, un hermano...y que gracias a las nuevas tecnologías seguimos en contacto...
 ...en la telefónica...con Juanillo...
...noches de ambiente...nuestro guía espiritual el Súper...

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