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martes, 9 de diciembre de 2014

EL CHIP PRODIGIOSO

El despertador ha sonado hace ya buen rato, González es hombre de poca prisa, pero o se apresura o sus compañeros van a partir sin él. Y no es precisamente por sueño, las noches pre competición González suele estar inquieto y apenas plega ojo...la causa de su tardanza es la serie de rituales, comprobaciones y manías que acompañan a González antes de competir.
Llega al parquing del centro comercial donde han quedado todos los de la peña, justo cuando alguno ya ha mirado el reloj con ansia de partir...sin el.
Rápidos saludos y a por faena...
Monta la bici en el portabicis de Juan, que suerte que haya cambiado aquel viejo que tenía y que obligaba a asegurar las bicis, con infinitos sargentos,  por miedo a una muy posible caída...este nuevo funciona muy bien y en un suspiro permite montar las cuatro bicis que puede llevar.
Empiezan camino, son casi dos horas y media de coche hasta el punto de salida y entre encontrar sitio donde dejar el coche, desmontar las bicis, recoger los dorsales...van justo en hora, quizás demasiado justo en hora...
Solidariamente, González, el Rubio y Pedrete comienzan la tertulia a fin de no dormirse y dejar al pobre de Juan como primo de la jornada...bastante tiene uno con poner el coche, como para hacer de chófer y cuidador de los demás. La charla empieza con los tópicos habituales, el primero el de la meteorología, todos han seguido las previsiones, lluvia no habrá, pero el viento, según aparezca y sople, puede condicionar la carrera, cada uno da su parecer, sus dotes adivinatorias son escasas viendo anteriores pronósticos, pero quizás hoy acierten...y está claro que con cuatro pronósticos diferentes, alguno algo acertará...
Pero poco a poco la conversación va a uno de los mundos mas fascinantes del ciclismo...la enfermería. Pedrete dice padecer un resfriado que no le abandona desde hace varias...temporadas, no ha entrenado la suficiente, dice. Y eso que la semana pasada realizó tranquilamente más de cuatrocientos kilómetros, pero hoy dice que no va a andar, que se nota flojo, que tiene mocos, que le pica la garganta...y como sufrido ciclista, solidario con los profesionales, decide no tomar nada, no vaya a ser que de positivo...
A los lamentos de Pedrete le responde Juan, esa rodilla izquierda le sigue molestando desde el mes de febrero, mira que ha ido al traumatólogo, se ha hecho una resonancia...y no se ve nada, pero a él cada jornada antes de competir, le aparece un dolorcillo que, sin duda alguna, va a limitar su prestación ciclística, que de no ser por las molestias, sería excelsa...
Entonces surge el Rubio proclamando que padece desde hace mucho tiempo una mononucleosis...nunca diagnosticada por médico alguno, pero que seguro es lo que padece ya que en internet consultó los síntomas y coincidían de manera exacta...y el nombre mola un montón.
Ante este panorama, González, no sabía como pronunciarse, él estaba bien, había entrenado bien, nada le dolía...¿pero como iba a decir que estaba perfecto?...eso nunca!!!! no fuera que no tuviera su día y el resto le pasara por encima...y luego ¿cómo se podría justificar?...
Por de pronto González empezó a estirar las piernas en el coche, frotándose los gemelos como si le molestaran...poco a poco hasta parecía que ya sentía hasta dolor en ellos (¡que suerte!!, pensó) ya tenía su argumento...estos gemelos, desde el domingo pasado en que me forzando en el repecho final de la cruz del Monasterio, me molestan un poco...
Ya estaba el cuadro completo, cuatro "ecce homos" iban al matadero en forma de carrera de 170 kilómetros trufada con cuatro puertos de primerísima categoría. Los cuatro quejosos, doloridos, enfermos...sin cura alguna, con su sufrimiento interiorizado (para todos menos para los acompañantes)...los cuatro escasos de kilómetros...los designios del Universo se confabulaban contra nuestros amigos y la espectacular "performance" ciclista que albergaban en sus piernas.
Así, entre lamentos, llegan al punto de salida, van bien de tiempo y hay bastantes huecos donde dejar el coche, buscan el lugar donde otros años lo han dejado, y ahí que lo dejan. Lo primero ahora es recoger los dorsales, esta vez la organización es fenomenal y en apenas unos minutos todos tienen sus documentos de competición...y el chip, ese juez que dictará el tiempo real...el Santo Grial de la competición...
Viene otra fase clásica, la meadita del miedo, los esfínteres se relajan y bien sean aguas mayores o menores, los cuatro acuden a los baños del Polideportivo.
Se acicalan, preparan las bicis, cada uno con una manía diferente, Juan no se mueve, el Rubio se va hasta donde se pierde de vista para calentar, González repasa los tubulares una y otra vez mientras que Pedrete se obsesiona con el sillín, aduciendo que, misteriosamente, se ha movido...
Tras estos prolegómenos, alguno se da cuenta que es momento de marchar a la zona de salida...al ser madrugadores tienen el premio de ubicarse en un buen lugar de partida, falta ya poco. Mirada de reojo al chip, uno lo lleva en la bota, otro en el tobillo, otros el el cuadro...
En el punto de salida, las toses y el olor a linimento y Reflex se apodera de la atmósfera, mas parece una enfermería al aire libre que el inicio de una carrera ciclista, con sanos y fornidos atletas...y las charlas que se oyen son las mismas que las del coche...todos, todos, están enfermos, con dolores en lugares que nadie imaginaría...lo único real es la afección prostática que todos padecen ya que ni en estos segundos previos a la salida, dejan de aparecer cientos de meditas del miedo...
En medio de las toses y lamentos se alza la voz de alguien de la organización que avisa que cuando suene el cohete empieza la carrera y que todos pasen por la alfombra del lector de chips...se oye el chupinazo y empieza la carrera.
Y es en este momento en el que se obra el milagro, tal como van sonando los pitidos de los chips, cesan las toses, cesan las quejas, cesan las meaditas...y empieza la batalla...ya todos están sanos y recuperados de sus dolencias, por unas horas desaparecerán, para volver, en mayor o menor intensidad según sea el resultado final.


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